ChukieDiddieboppy
July 5th, 2005, 06:28 PM
Amigos y Colegas, he aqui un articulo interesante acerca de la renovacion del distrito historico de Tegucigalpa y publicado por El BID en su Revista Mensual: IDBAmerica, edicion de Junio, 2005. Washington DC/USA.
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_Cover-s.jpg
ENFOQUE
Tegucigalpa al rescate de su distrito histórico
Un proyecto apoyado por el BID ayuda a los hondureños a recuperar el centro capitalino
Por Peter Bate
Hasta no mucho tiempo atrás, recuerda Julia de Santiso, las escalinatas de piedra que distinguen al centro histórico de Tegucigalpa eran tierra de nadie. “La gente no venía porque tenían miedo de los ladrones, ni hablar de la suciedad o el deterioro”, agrega Santiso, dueña de una florería que ha operado durante más de dos décadas en este distrito de la capital de Honduras. “La situación ciertamente ha cambiado. Hasta he visto que los turistas se sacan fotos en las escaleras.”
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_JuliaSantizo-t3.jpg
Julia de Santiso: prohibido arrojar basuras.
La pequeña escalinata a la vuelta de la florería de Santiso y unas escaleras más grandes e imponentes, a una cuadra de distancia, han sido radicalmente remozadas, al igual que los elegantes edificios coloniales de la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional, una guardería construida en el predio de un antiguo convento, un centro cultural para jóvenes y tres plazas. Todos estos espacios públicos fueron restaurados y mejorados como parte de un proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo para elevar la calidad de vida y comenzar a recuperar el dilapidado centro histórico de Tegucigalpa.
La capital hondureña aún tiene que recorrer un largo camino. Como muchas ciudades centroamericanas, Tegucigalpa tuvo un crecimiento explosivo en su población debido a la migración desde zonas rurales. Para muchísimos de estos nuevos residentes, el sueño del progreso no se ha materializado. Alrededor de 40 por ciento de la población de la ciudad vive con menos de tres dólares al día y casi un tercio de su fuerza laboral no tiene empleo. Por ello, Tegucigalpa es una de las ciudades más pobres de Honduras.
Además de sus problemas económicos, sociales y urbanos, la capital hondureña quedó devastada por las inundaciones y deslizamientos provocados por el huracán Mitch en 1998. Aún hoy se ven las secuelas de esa catástrofe en los barrios sobre el río Choluteca.
El centro histórico, sin embargo, había comenzado a declinar en los años setenta. Como en otras grandes urbes, una de las calles centrales fue convertida en una vía peatonal. Poco a poco la peatonal fue invadida por vendedores informales, cuyos puestos se expandieron a las calles adyacentes y a las plazas cercanas, creando una sórdida galería comercial a cielo abierto. En muchos espacios públicos, como la plaza frente a la pintoresca iglesia barroca de Los Dolores, el comercio informal está tan afianzado que se han construido kioscos de madera donde funcionan pequeños comedores, con mesas sillas, iluminación eléctrica y parrillas constantemente humeantes.
El proyecto apoyado por el BID apoya los esfuerzos de Tegucigalpa por revertir el proceso de decadencia en el centro histórico, comenzando por la restauración de edificios y plazas emblemáticos. El objetivo no es simplemente estético sino que se busca involucrar a la comunidad en la preservación de su distrito para fortalecer el sentido de pertenencia y el orgullo cívico. Al mismo tiempo, el proyecto tiende una mano a los grupos más vulnerables de la población, como las madres solteras que trabajan en el centro, sus niños y los jóvenes en riesgo social.
“Esta es una forma innovadora para mejorar la calidad de vida y la equidad social en el centro de Tegucigalpa”, comenta la jefa de equipo del proyecto del BID, Martha Preece. “No hay un solo factor capaz de cambiar la imagen de la ciudad a los ojos del público. Se debe tener éxito en varios frentes para que los vecinos empiecen a sentir que las cosas realmente están mejorando. La revitalización urbana no es sólo restaurar edificios antiguos. También se trata de generar un sentido de inclusión y propiedad común, una causa unificadota para toda la gente que vive y trabaja allí.”
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_D.Mejia.jpg
Daysi Mejía, coordinadora del programa.
Prioridades de la comunidad. Si bien las metas del proyecto eran ambiciosas, los vecinos no compraron la propuesta inmediatamente. “Al comienzo detectamos mucho escepticismo”, comenta la coordinadora del proyecto, Daysi Mejía. “La gente no quiere ser utilizada con fines políticos. Así que tuvimos que ir virtualmente puerta por puerta para persuadir a los vecinos. Pero cuando empezaron a creer en el proyecto, comenzaron a ofrecerles a nuestras cuadrillas agua, electricidad o cualquier otra cosa para ayudarnos.”
En lugar de recurrir a un modelo verticalista, el proyecto aplicó un método participativo para involucrar a las partes interesadas. A principios del 2003, junto con una campaña de difusión de información, se realizaron encuestas y se celebraron asambleas públicas para congregar a distintos sectores para que discutieran sus problemas comunes y buscar posibles soluciones.
Entre otros, participaron en la consulta representantes de los residentes del centro histórico, vendedores informales, empresarios, iglesias, museos, personas que utilizan servicios en el distrito, pasajeros del transporte público, asociaciones profesionales y empleados públicos. Un aspecto clave para el resultado era la negociación con el sector informal, que cumple un papel importante si bien controversial en la creación de empleo, el estímulo al comercio y la generación de ingresos para los pobres.
Entre las principales preocupaciones de la gente figuraban la violencia y el delito, como las maras que rondaban la zona por las noches, las prostitutas que se apostaban alrededor de la catedral y los mendigos agresivos. Otros problemas se relacionaban con la calidad de vida, tales como la falta de alumbrado en las plazas, calles y paradas de autobuses, la congestión de tránsito, la deficiente recolección de basuras y el deterioro de los edificios históricos y los espacios públicos.
Construcción cívica. El proyecto apoyado por el BID apunta a varios aspectos de la situación del centro de Tegucigalpa con una combinación de revitalización urbana y rescate histórico con servicios sociales dirigidos a grupos vulnerables de la población del distrito.
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_plaza-t3.jpg
Plaza de Herrera: recuperada para la ciudad.
Uno de los objetivos era recuperar algunas de las plazas ocupadas por vendedores informales. Simultáneamente, el BID trabajó con la alcaldía para atender las necesidades de los vendedores que serían desplazados. Bajo un plan de ordenamiento municipal, las autoridades de Tegucigalpa esperan crear mercados alternativos en la periferia del centro histórico para alojar a unos 2.500 vendedores informales. Uno de los lugares elegidos está en la zona de la antigua penitenciaría, que está cerca del centro y es paso de muchos pasajeros de autobuses que llegan desde o viajan hacia los suburbios de la capital.
Entre los ejemplos más notables del éxito alcanzado por el proyecto está la Plaza Valle, un espacio público frente a una iglesia franciscana y un museo militar. Otrora un sitio virtualmente abandonado, la plaza ha sido restaurada conservando sus rasgos originales. Una balustrada recorre su perímetro, lámparas antiguas iluminan sus sendas de baldosa y sus bancos, enmarcadas por canteros de flores y árboles bien cuidados. En muchos lugares hay botes para residuos. Otrora un sitio virtualmente abandonado, la plaza ahora atrae a familias, parejas jóvenes y retirados. La escena se repite a pocas cuadras en la Plaza de Herrera, frente al Teatro Manuel Bonilla, que ha recuperado su encanto y significado histórico.
Antigua tradición. La Plaza Morazán, conocida también como Parque Central, frente a la catedral de Tegucigalpa, también ha vuelto a brillar. Su deteriorado empedrado se reemplazó con senderos de piedra rosada extraída de canteras cercanas a la capital. Para cortar los adoquines se debió recuperar una antigua técnica, obra que generó empleo para docenas de artesanos. A un costado de la plaza, bajo unos toldos de plástico, una hilera de lustrines representa una antigua tradición, donde las figuras públicas concurrían a la plaza para lustrarse las botas. En otro costado hay un anfiteatro donde se ofrecen conciertos y otros espectáculos de la cultura popular. A un lado de las gradas se han instalado servicios sanitarios, subsanando una notoria falta en el sector.
Bajo el proyecto también se brindan servicios sociales para niños y jóvenes en algunos de los edificios restaurados del centro histórico. Una ala de la Biblioteca Nacional se ha destinado a programas de extensión escolar. El edificio, que en el pasado albergó a la Casa de la Moneda y brevemente fue calabozo de Francisco Morazán, el héroe de la independencia centroamericana, está protegido bajo una ley de patrimonio histórico. Por ello la restauración debió ceñirse a estrictos lineamientos y utilizar técnicas de construcción y decoración que se usaban hace dos siglos. Al mismo tiempo, se remozaron y equiparon algunos de sus salones para crear zonas de juego y salas de proyección y computadoras. Una obra similar se llevó a cabo en el antiguo Archivo Nacional, donde también se brindan programas para niños fuera del horario escolar.
Un edificio más moderno, el Centro Cultural Merceditas Agurcia, también fue renovado bajo el proyecto. El centro ofrece clases de artes visuales, música y teatro a 290 niños y jóvenes de escuelas del centro en salones amplios y luminosos. Una sala de teatro con 108 butacas y equipamiento de luz y sonido de alta tecnología se utiliza para las obras de teatro de los estudiantes y para eventos de instituciones públicas y privadas de la zona.
Pero tal vez el mayor logro del proyecto sea el Centro de Atención Infantil San Isidro, edificado en un predio de un antiguo convento, junto a la Plaza del Calvario. A diferencia del dilapidado y sucio edificio que lo albergaba, el nuevo centro cumple con principios internacionales para la atención de niños.
El instituto, que antes tenía a unos 200 bebés y niños apiñados en condiciones insalubres, ahora acoge a 500 infantes entre recién nacidos y seis años de edad. Los niños, quienes son cuidados por profesionales certificadas, son en su mayoría los hijos e hijas de madres solteras que trabajan en los mercados de la zona. El edificio tiene salas con cunas y camitas nuevas, aulas con muebles funcionales y buena iluminación y ventilación, baños instalados a la escala de los niños, una cocina equipada con artefactos de calidad profesional y una enfermería con doctores y enfermeras. “Esto es un sueño hecho realidad”, comentó la directora del CAISI, Lidia Consuelo Cruz.
Hacia el futuro. Una importante cuota de la responsabilidad del mantenimiento y mejoramiento del centro histórico quedará en manos de los ciudadanos. Como consecuencia del proyecto, ahora hay seis asociaciones vecinales, una por cada plaza de la zona. Los vecinos y los dueños de negocios como Julia de Santiso se mantienen alerta para detectar a personas que ensucian o destruyen la propiedad pública. Los vendedores informales, tras convencerse de que atraerían más gente a la zona si colaboran con el orden, han evitado ocupar nuevamente las plazas. Los conductores de autobuses y taxis también han visto las ventajas de parar unas cuadras más lejos de los lugares más congestionados a fin de evitar los embotellamientos de tránsito.
Para Daysi Mejía, el objetivo de largo plazo para el centro histórico de Tegucigalpa sería emular a Quito, que logró rescatar su centro mediante un ambicioso programa de revitalización urbana que también contó con apoyo del BID. Sin embargo, la capital hondureña aún debe consolidar sus logros iniciales antes de comenzar una nueva fase. “Tenemos que demostrar que también se puede combatir la pobreza utilizando métodos innovadores que generen capital social en lugar de recurrir al paternalismo”, concluye Mejía.
Publicado en IDBAmerica, June, 2005; Interamerican Development Bank.
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Comentarito:
Me gustan este tipo de proyectos; es una gran iniciativa de parte del BID y el pueblo de Tegucigalpa.
Gracias.
07.05.2005
Riverdale, Bronx, NYC
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_Cover-s.jpg
ENFOQUE
Tegucigalpa al rescate de su distrito histórico
Un proyecto apoyado por el BID ayuda a los hondureños a recuperar el centro capitalino
Por Peter Bate
Hasta no mucho tiempo atrás, recuerda Julia de Santiso, las escalinatas de piedra que distinguen al centro histórico de Tegucigalpa eran tierra de nadie. “La gente no venía porque tenían miedo de los ladrones, ni hablar de la suciedad o el deterioro”, agrega Santiso, dueña de una florería que ha operado durante más de dos décadas en este distrito de la capital de Honduras. “La situación ciertamente ha cambiado. Hasta he visto que los turistas se sacan fotos en las escaleras.”
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_JuliaSantizo-t3.jpg
Julia de Santiso: prohibido arrojar basuras.
La pequeña escalinata a la vuelta de la florería de Santiso y unas escaleras más grandes e imponentes, a una cuadra de distancia, han sido radicalmente remozadas, al igual que los elegantes edificios coloniales de la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional, una guardería construida en el predio de un antiguo convento, un centro cultural para jóvenes y tres plazas. Todos estos espacios públicos fueron restaurados y mejorados como parte de un proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo para elevar la calidad de vida y comenzar a recuperar el dilapidado centro histórico de Tegucigalpa.
La capital hondureña aún tiene que recorrer un largo camino. Como muchas ciudades centroamericanas, Tegucigalpa tuvo un crecimiento explosivo en su población debido a la migración desde zonas rurales. Para muchísimos de estos nuevos residentes, el sueño del progreso no se ha materializado. Alrededor de 40 por ciento de la población de la ciudad vive con menos de tres dólares al día y casi un tercio de su fuerza laboral no tiene empleo. Por ello, Tegucigalpa es una de las ciudades más pobres de Honduras.
Además de sus problemas económicos, sociales y urbanos, la capital hondureña quedó devastada por las inundaciones y deslizamientos provocados por el huracán Mitch en 1998. Aún hoy se ven las secuelas de esa catástrofe en los barrios sobre el río Choluteca.
El centro histórico, sin embargo, había comenzado a declinar en los años setenta. Como en otras grandes urbes, una de las calles centrales fue convertida en una vía peatonal. Poco a poco la peatonal fue invadida por vendedores informales, cuyos puestos se expandieron a las calles adyacentes y a las plazas cercanas, creando una sórdida galería comercial a cielo abierto. En muchos espacios públicos, como la plaza frente a la pintoresca iglesia barroca de Los Dolores, el comercio informal está tan afianzado que se han construido kioscos de madera donde funcionan pequeños comedores, con mesas sillas, iluminación eléctrica y parrillas constantemente humeantes.
El proyecto apoyado por el BID apoya los esfuerzos de Tegucigalpa por revertir el proceso de decadencia en el centro histórico, comenzando por la restauración de edificios y plazas emblemáticos. El objetivo no es simplemente estético sino que se busca involucrar a la comunidad en la preservación de su distrito para fortalecer el sentido de pertenencia y el orgullo cívico. Al mismo tiempo, el proyecto tiende una mano a los grupos más vulnerables de la población, como las madres solteras que trabajan en el centro, sus niños y los jóvenes en riesgo social.
“Esta es una forma innovadora para mejorar la calidad de vida y la equidad social en el centro de Tegucigalpa”, comenta la jefa de equipo del proyecto del BID, Martha Preece. “No hay un solo factor capaz de cambiar la imagen de la ciudad a los ojos del público. Se debe tener éxito en varios frentes para que los vecinos empiecen a sentir que las cosas realmente están mejorando. La revitalización urbana no es sólo restaurar edificios antiguos. También se trata de generar un sentido de inclusión y propiedad común, una causa unificadota para toda la gente que vive y trabaja allí.”
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_D.Mejia.jpg
Daysi Mejía, coordinadora del programa.
Prioridades de la comunidad. Si bien las metas del proyecto eran ambiciosas, los vecinos no compraron la propuesta inmediatamente. “Al comienzo detectamos mucho escepticismo”, comenta la coordinadora del proyecto, Daysi Mejía. “La gente no quiere ser utilizada con fines políticos. Así que tuvimos que ir virtualmente puerta por puerta para persuadir a los vecinos. Pero cuando empezaron a creer en el proyecto, comenzaron a ofrecerles a nuestras cuadrillas agua, electricidad o cualquier otra cosa para ayudarnos.”
En lugar de recurrir a un modelo verticalista, el proyecto aplicó un método participativo para involucrar a las partes interesadas. A principios del 2003, junto con una campaña de difusión de información, se realizaron encuestas y se celebraron asambleas públicas para congregar a distintos sectores para que discutieran sus problemas comunes y buscar posibles soluciones.
Entre otros, participaron en la consulta representantes de los residentes del centro histórico, vendedores informales, empresarios, iglesias, museos, personas que utilizan servicios en el distrito, pasajeros del transporte público, asociaciones profesionales y empleados públicos. Un aspecto clave para el resultado era la negociación con el sector informal, que cumple un papel importante si bien controversial en la creación de empleo, el estímulo al comercio y la generación de ingresos para los pobres.
Entre las principales preocupaciones de la gente figuraban la violencia y el delito, como las maras que rondaban la zona por las noches, las prostitutas que se apostaban alrededor de la catedral y los mendigos agresivos. Otros problemas se relacionaban con la calidad de vida, tales como la falta de alumbrado en las plazas, calles y paradas de autobuses, la congestión de tránsito, la deficiente recolección de basuras y el deterioro de los edificios históricos y los espacios públicos.
Construcción cívica. El proyecto apoyado por el BID apunta a varios aspectos de la situación del centro de Tegucigalpa con una combinación de revitalización urbana y rescate histórico con servicios sociales dirigidos a grupos vulnerables de la población del distrito.
http://www.iadb.org/idbamerica/images/jun05_plaza-t3.jpg
Plaza de Herrera: recuperada para la ciudad.
Uno de los objetivos era recuperar algunas de las plazas ocupadas por vendedores informales. Simultáneamente, el BID trabajó con la alcaldía para atender las necesidades de los vendedores que serían desplazados. Bajo un plan de ordenamiento municipal, las autoridades de Tegucigalpa esperan crear mercados alternativos en la periferia del centro histórico para alojar a unos 2.500 vendedores informales. Uno de los lugares elegidos está en la zona de la antigua penitenciaría, que está cerca del centro y es paso de muchos pasajeros de autobuses que llegan desde o viajan hacia los suburbios de la capital.
Entre los ejemplos más notables del éxito alcanzado por el proyecto está la Plaza Valle, un espacio público frente a una iglesia franciscana y un museo militar. Otrora un sitio virtualmente abandonado, la plaza ha sido restaurada conservando sus rasgos originales. Una balustrada recorre su perímetro, lámparas antiguas iluminan sus sendas de baldosa y sus bancos, enmarcadas por canteros de flores y árboles bien cuidados. En muchos lugares hay botes para residuos. Otrora un sitio virtualmente abandonado, la plaza ahora atrae a familias, parejas jóvenes y retirados. La escena se repite a pocas cuadras en la Plaza de Herrera, frente al Teatro Manuel Bonilla, que ha recuperado su encanto y significado histórico.
Antigua tradición. La Plaza Morazán, conocida también como Parque Central, frente a la catedral de Tegucigalpa, también ha vuelto a brillar. Su deteriorado empedrado se reemplazó con senderos de piedra rosada extraída de canteras cercanas a la capital. Para cortar los adoquines se debió recuperar una antigua técnica, obra que generó empleo para docenas de artesanos. A un costado de la plaza, bajo unos toldos de plástico, una hilera de lustrines representa una antigua tradición, donde las figuras públicas concurrían a la plaza para lustrarse las botas. En otro costado hay un anfiteatro donde se ofrecen conciertos y otros espectáculos de la cultura popular. A un lado de las gradas se han instalado servicios sanitarios, subsanando una notoria falta en el sector.
Bajo el proyecto también se brindan servicios sociales para niños y jóvenes en algunos de los edificios restaurados del centro histórico. Una ala de la Biblioteca Nacional se ha destinado a programas de extensión escolar. El edificio, que en el pasado albergó a la Casa de la Moneda y brevemente fue calabozo de Francisco Morazán, el héroe de la independencia centroamericana, está protegido bajo una ley de patrimonio histórico. Por ello la restauración debió ceñirse a estrictos lineamientos y utilizar técnicas de construcción y decoración que se usaban hace dos siglos. Al mismo tiempo, se remozaron y equiparon algunos de sus salones para crear zonas de juego y salas de proyección y computadoras. Una obra similar se llevó a cabo en el antiguo Archivo Nacional, donde también se brindan programas para niños fuera del horario escolar.
Un edificio más moderno, el Centro Cultural Merceditas Agurcia, también fue renovado bajo el proyecto. El centro ofrece clases de artes visuales, música y teatro a 290 niños y jóvenes de escuelas del centro en salones amplios y luminosos. Una sala de teatro con 108 butacas y equipamiento de luz y sonido de alta tecnología se utiliza para las obras de teatro de los estudiantes y para eventos de instituciones públicas y privadas de la zona.
Pero tal vez el mayor logro del proyecto sea el Centro de Atención Infantil San Isidro, edificado en un predio de un antiguo convento, junto a la Plaza del Calvario. A diferencia del dilapidado y sucio edificio que lo albergaba, el nuevo centro cumple con principios internacionales para la atención de niños.
El instituto, que antes tenía a unos 200 bebés y niños apiñados en condiciones insalubres, ahora acoge a 500 infantes entre recién nacidos y seis años de edad. Los niños, quienes son cuidados por profesionales certificadas, son en su mayoría los hijos e hijas de madres solteras que trabajan en los mercados de la zona. El edificio tiene salas con cunas y camitas nuevas, aulas con muebles funcionales y buena iluminación y ventilación, baños instalados a la escala de los niños, una cocina equipada con artefactos de calidad profesional y una enfermería con doctores y enfermeras. “Esto es un sueño hecho realidad”, comentó la directora del CAISI, Lidia Consuelo Cruz.
Hacia el futuro. Una importante cuota de la responsabilidad del mantenimiento y mejoramiento del centro histórico quedará en manos de los ciudadanos. Como consecuencia del proyecto, ahora hay seis asociaciones vecinales, una por cada plaza de la zona. Los vecinos y los dueños de negocios como Julia de Santiso se mantienen alerta para detectar a personas que ensucian o destruyen la propiedad pública. Los vendedores informales, tras convencerse de que atraerían más gente a la zona si colaboran con el orden, han evitado ocupar nuevamente las plazas. Los conductores de autobuses y taxis también han visto las ventajas de parar unas cuadras más lejos de los lugares más congestionados a fin de evitar los embotellamientos de tránsito.
Para Daysi Mejía, el objetivo de largo plazo para el centro histórico de Tegucigalpa sería emular a Quito, que logró rescatar su centro mediante un ambicioso programa de revitalización urbana que también contó con apoyo del BID. Sin embargo, la capital hondureña aún debe consolidar sus logros iniciales antes de comenzar una nueva fase. “Tenemos que demostrar que también se puede combatir la pobreza utilizando métodos innovadores que generen capital social en lugar de recurrir al paternalismo”, concluye Mejía.
Publicado en IDBAmerica, June, 2005; Interamerican Development Bank.
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Comentarito:
Me gustan este tipo de proyectos; es una gran iniciativa de parte del BID y el pueblo de Tegucigalpa.
Gracias.
07.05.2005
Riverdale, Bronx, NYC